Soy un obsesivo del diario Página 12 de Buenos Aires y seguramente esta preferencia provocará el rechazo o la adhesión de mis lectores. Quiero decirles que se queden tranquilos, porque todos los medios trasmiten ideología. O mejor dicho el medio es la ideología. Ningún medio periodístico puede declarar su independencia o su asepsia parcial o total a un determinado modelo político y económico. El hombre en su esencia es ideología. Piensa, reflexiona y opina. Por eso, es vergonzoso escuchar en radio y televisión descalificaciones contra aquellas personas que asumen un compromiso ideológico. Prefiero que esa persona de derecha o de izquierda manifieste su ideología sin censura, porque aquellos que ingenuamente sostienen que una revista deportiva no debe abordar temas de la política provincial, nacional o internacional que es el marco donde vivimos todos y que nos debe interesar a todos como ciudadanos es una hipocresía descarada.
El título de este editorial es un homenaje a Eduardo Kimel, autor del libro “La masacre de San Patricio”, que publicó Página 12, “una valiente investigación periodística –puntualiza Horacio Versbitsky en el prólogo de la reedición- sobre el crimen aberrante de dos sacerdotes y tres seminaristas cometido durante la última dictadura”. Este trabajo es un ejemplo de compromiso con la verdad, la libertad de expresión y la vigencia de los derechos humanos. Y también sirvió como causa durante 20 años y que concluyó con la despenalización de la palabra pública en la Argentina.
La obra relata el asesinado perpetrado el 4 de julio de 1976 por un grupo de tareas en la Iglesia de San Patricio y es paradójico porque sus autores y encubridores de la masacre quedaron impunes y el único condenado fue el periodista que investigó. Kimel fue perseguido por haber evaluado de manera respetuosa y profesional el desempeño del juez que no había hecho todo lo posible para desentrañar los hechos. Esto le costó un año de prisión en suspenso y una fuerte sanción económica.
Desde la recuperación de la democracia y tras una serie de acosos contra los periodistas que habían denunciado demoras excesivas en las investigaciones de casos de crímenes de lesa humanidad, el Estado asumió la responsabilidad y el compromiso de eliminar del Código Penal este delito que prevía la pena de cárcel para quienes ofendieran “de cualquier modo en su persona, en su dignidad o decoro a un funcionario público, a causa del ejercicio de sus funciones”. No obstante, Eduardo Kimel siguió con su causa y obtuvo que la Comisión Interamericana denuncié al Estado argentino por violación a los derechos a la libertad de expresión y el debido proceso”. El 18 de octubre de 2007, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, escuchó los alegatos de las partes. El 2 de mayo del 2008, la Corte Interamericana ordenó al Estado argentino “reparar” integralmente las violaciones de derechos humanos causados al periodista. Además del pago de una indemnización, obligó al Estado a dejar sin efecto la condena penal impuesta, a realizar un acto público de desagravio y un plazo razonable para adecuar su derecho interno a la Convención Americana sobre Derechos Humanos en el tema de la libertad de expresión. Kimel murió el 10 de febrero de 2010 y nos dejó este legado a favor del ejercicio pleno de la libertad de expresión en Argentina. Sigamos su ejemplo que será nuestro mejor homenaje a este periodista que nunca ha renunciado ni ha “rifado” su dignidad.
Hasta la próxima.
Edgar Castillo
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